El Ingeniero Carlos
Adolfo Cassaffousth y el Contratista Juan Bialet Massé
serían los responsables de la obra que emplearía
a más de 3.000 obreros y que demandaría tres
años de arduo trabajo. Finalmente, el Dique San Roque
quedaría inaugurado en abril de 1890, arrogándose
la categorización de “mayor del mundo”,
pues su embalse albergaba 250 millones de metros cúbicos
de agua. No obstante, las especulaciones y la Justicia reclamarían
las cabezas de este proyecto.
La inmensa construcción había basado su
economía en el empleo de cales cordobesas, lo que
llevaba a dudar de la estabilidad del dique y temer por
el futuro de Córdoba que, ante un desperfecto del
mismo, podía desaparecer bajo el agua. Con estos
argumentos, y la acusación de malversación
de fondos públicos, Cassaffousth y Bialet Massé
acabaron en la cárcel.
Medio siglo más tarde llegaría la prueba máxima
de la injusticia cometida. Ya construido un dique reemplazante,
con el objeto de modernizar el sistema de vertederos, el
Dique San Roque fue dinamitado demostrando su resistencia
una gran parte de la estructura que superó estoica
el ataque.
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